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Después del nuevo triunfo del partido de la Selección contra Jordania, y en camino a los 16avos, este viernes contra Cabo Verde, especialistas en marketing digital analizaron las publicidades y lo que quedó en el debe y en el haber.
El Mundial 2026 no solo es el más grande de la historia en términos deportivos; también se convirtió en un laboratorio acelerado donde marcas, agencias y creadores ponen a prueba sus límites. Con 48 selecciones, 104 partidos y tres países como sede, la competencia dejó de ser un evento para transformarse en un ecosistema cultural y comercial que se mueve minuto a minuto. En ese terreno hiperexigente, las estrategias se bifurcan, la creatividad se tensiona y la saturación acecha.
A partir de los testimonios de Fernando Amdan (Amplifica), Agustín Giménez (HG), Mariano Repetto (Lanzallamas) y Juan Bordagaray (Findasense), miembros de Interact, la asociación argentina que nuclea a más de 100 agencias, consultoras y productoras del ecosistema digital, emerge un diagnóstico claro: el Mundial es una oportunidad gigantesca, pero no todas las marcas están sabiendo aprovecharla.
La primera coincidencia entre los expertos en marketing y publicidad digital es que el modelo clásico de “gran comercial mundialista” quedó viejo. Hoy las marcas construyen ecosistemas abiertos, campañas que empiezan meses antes, se adaptan durante el torneo y buscan extenderse lo máximo posible.
Mariano Repetto lo sintetiza como un “electrocardiograma frágil”: la atención es mínima, la competencia es feroz y lo que importa no es la pieza más cara sino quién logra entrar más veces en la conversación cotidiana.
Por su parte, Agustín Giménez aporta la dimensión económica: WARC estima que el Mundial inyectará 10.500 millones de dólares en publicidad global, y los patrocinios de FIFA crecerán de 1.800 a 2.800 millones respecto de Qatar 2022. Pero lo relevante no es el presupuesto, sino el corrimiento del eje: de la visibilidad al acceso. Marcas como Total Wireless, Home Depot o Visa ya no compran segundos de TV: construyen experiencias.
IA y data: entre la aceleración y la pérdida de naturalidad
Los cuatro expertos coinciden en que la IA está omnipresente, pero no siempre bien usada. Amdan observa producciones híbridas que corren el riesgo de la homogeneización, mientras que Bordagaray es más crítico: “Han utilizado IA en jugadores cuyos gestos conocemos demasiado, y eso hace que se pierda naturalidad y empatía.”
Giménez, por su parte, aporta datos duros acerca del uso de la IA: Coca-Cola redujo la producción de su spot navideño de un año a un mes gracias a IA, mientras que el 88% de los marketers dice que la IA mejora la segmentación, pero solo el 40% actualizó sus métricas para medir si realmente aporta valor. Y el especialista advierte además una tensión que pocas marcas reconocen: el consumidor castiga lo que huele a IA. La IA bien usada es invisible; cuando se nota, resta.
En paralelo, la data aparece como el recurso más efectivo para activar real time: detectar picos de conversación, entender tendencias y reaccionar rápido. Para Bordagaray, la diferencia es clara: “Con data se están haciendo buenas cosas; a las propuestas con IA les falta corazón.”
Tendencias: el star system y el rol de los influencers
En relación a las tendencias más dominantes, tras el título de 2022, se consolidó una en especial: apalancarse en los nombres propios. Messi, Scaloni, De Paul, Enzo, Julián, Dibu. El atajo es claro: asociación directa, impacto rápido. Pero Amdan advierte el riesgo: “Cuando una campaña depende de la cara del jugador y no de un concepto sólido, la alta frecuencia termina desgastando el posicionamiento.”
Bordagaray coincide: las marcas con derechos oficiales suelen caer en el endorsement básico, mientras que las que no tienen derechos se ven obligadas a ser más originales. Burger King, Levi’s o acciones de real time son ejemplos de cómo la creatividad florece cuando no hay acceso directo al star system.
Otra tendencia ganó terreno: este Mundial volvió a confirmar que los creadores son parte ineludible del menú. Pero el cambio está en el tipo de creador. Giménez señala que el eje se corrió del influencer clásico al streamer, con casos como Davoo Xeneize o Spreen, que completó el álbum del Mundial en vivo tras comprar 14 mil figuritas. La marca que entiende esto no compra un posteo: compra presencia en una comunidad fidelizada durante horas.
Amdan destaca el rol de los creadores para cubrir sedes dispersas y generar narrativas que las marcas no pueden producir solas. Repetto agrega que las campañas abiertas invitan a terceros a jugar: hoy cualquiera puede sentirse parte de una activación. Bordagaray, más escéptico, observa que el modelo sigue siendo el patrocinio clásico: marcas que financian viajes y presencia, con contenido que mejora por acceso, no por creatividad.
Real time: la cancha principal
Si hay un consenso absoluto, es este: el real time es el atributo más valioso del Mundial. Amdan lo define como la forma más genuina de conectar culturalmente, al mismo tiempo que Giménez lo lleva al extremo: “El que aprueba una pieza en 48 horas ya llegó tarde.” Repetto lo ve como el territorio donde se prueba la audacia y la pérdida de control. Bordagaray lo considera el espacio donde se ven las mejores acciones: rápidas, oportunas, sin depender de una celebrity.
“Lo que me sorprendió, y lo digo como algo bueno, es que lo más fino no fue lo más caro. Rexona metió su logo justo en la zona donde el árbitro levanta el brazo: un patrocinio contextual, integrado a un gesto natural del partido, que generó más conversación orgánica que millones en cartelería. Ese tipo de idea me interesa mucho más que la marca que compra el panel LED”, amplía Giménez.
La clave es un equipo que pueda reaccionar a un gol, un blooper o una declaración en minutos. Y ahí la IA sí aporta: genera variantes para acelerar decisiones, no para reemplazarlas.
Saturación: el Mundial donde todos hablan igual
La saturación existe, pero no por cantidad: por igualdad. Giménez lo resume con precisión: “Cuando todas las marcas usan los mismos códigos —camiseta, bandera, asado, ‘vamos Argentina’— el consumidor ve cinco avisos distintos y recuerda cero marcas.”
Amdan advierte que el brief cambió: ya no se trata de resiliencia y sufrimiento, sino del disfrute del legado y la última copa de Messi. Repetto señala que la falta de tensión dramática aplana las campañas. Bordagaray lamenta que todas hablen de “traer la cuarta” sin explorar otros ángulos del Mundial. La tercera estrella se volvió un recurso permanente desde 2022. Culturalmente funciona; comercialmente desgasta.
¿Es una oportunidad para mostrar la creatividad argentina? Sí, pero no alcanza con la camiseta
Los cuatro coinciden en que el Mundial es una vidriera global para la creatividad argentina. La selección campeona, Messi en su posible último Mundial, la identidad futbolera y emocional del país: todo eso es capital simbólico exportable.
Pero también coinciden en que no se está aprovechando del todo. Bordagaray observa mejores campañas en países sin una coyuntura tan favorable. Amdan advierte que el protagonismo de los nombres propios puede limitar la proyección internacional. Giménez destaca que la oportunidad no es solo creativa sino productiva: con IA, equipos chicos pueden producir a escala global. Repetto, más optimista, imagina que el “método Scaloni” podría convertirse en un clásico estudiado en universidades del mundo.
Conclusión: diferenciarse o desaparecer
El Mundial 2026 confirma una verdad incómoda: la relevancia no se compra, se construye. Las marcas que se limitan a replicar códigos básicos del evento quedan atrapadas en la saturación. Las que leen el contexto cultural, arriesgan en real time, usan IA con criterio y entienden a las comunidades, son las que logran destacarse.
En un Mundial donde están todos, la diferenciación no es un lujo: es la única estrategia que paga.